Aprendiendo a superar una decepción

En distintos momentos de nuestra vida nos sentimos decepcionados o desilusionados, porque las cosas no salieron como queríamos, porque alguien no respondió de la manera esperada… en fin, por un sinnúmero de razones.
Primero, es necesario pensar en lo que realmente pasó, para poder despedirnos de los recuerdos que el hecho conlleva. Enfocar qué nos produce esta sensación que nos invade en este momento. Si incluye a una persona, especificar qué esperábamos y no ha sucedido,… o no ha cumplido, o ha dejado de hacer. Si son hechos, separar el azar o las actitudes de los demás de las nuestras.
En segundo lugar, preguntarnos (nuevamente, por última vez) por qué nos afecta tanto esto. Cuál ha sido nuestra responsabilidad para que eso ocurriera (o no ocurriera). Por qué nos sentimos decepcionados (y no de otro modo). Una decepción es lo mismo que una des-ilusión… ¿cuál es la ilusión que se ha visto afectada? ¿Era realista? ¿Tal vez exigimos demasiado de una persona o de una situación?
Tercero: ¿qué aprendemos de esto? ¿Qué enseñanza nos queda, hacia el futuro? ¿Qué podemos modificar para que algo así no vuelva a pasar? Este paso es importantísimo para que llegue el alivio final y puedas avanzar hacia tu futuro, con mayor tranquilidad y paz interior.
Siempre hay gente confiable alrededor nuestro, y hay oportunidades para que cumplamos nuestros sueños. De nosotros depende darnos cuenta de quién es quién, ser realistas y esperar lo mejor, porque puede y va a suceder.
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