Análisis Transaccional . Los estados del yo ( II )

Ilustración de Javier Infante

Al mismo tiempo que se graban acontecimientos externos (que son, como se vio, los que integran el contenido del Padre), en el mismo periodo de la vida se produce una serie de sucesos internos, que son respuesta a los acontecimientos externos y que son sentimientos.
Estas grabaciones están constituidas por las reacciones del niño ante los acontecimientos externos: lo que oye, observa, toca. La falta de vocabulario del niño, de su capacidad de trasladar a códigos verbales, hace que la mayoría de las reacciones adopten la forma de sentimientos.
Todos asociamos determinados olores a situaciones agradables: la casa de los abuelos, los aromas del verano, un dulce que se hornea. Sentimientos de agrado ante situaciones externas vividas en la niñez que son los que integran nuestro Niño.
Frente al “concepto enseñado de la vida” el Niño supone el “concepto  sentido de la vida”.
Durante los primeros años de la vida el ser humano se debate entre sus propias imperiosas necesidades: tocar, gritar, vaciar sus intestinos y las normas y exigencias que le imponen los adultos. Normas y exigencias que se acompañan de premios y castigos pero que también implican renunciar a muchas satisfacciones. La situación de niñez se ve acompañada de sentimientos de terror ante la diferencia en estatura, en fuerza y en habilidad de los mayores que rodean al niño. Y ello se produce incluso en el seno de hogares con padres cariñosos y preocupados.
En este proceso de socialización la primera consecuencia es la generación de una serie de sentimientos negativos del niño con respecto a si mismo. El niño siente que no está siendo como debe ser, que algo falla en él, que no está bien. La necesidad de los niños de tener lo mejor y tenerlo ya implica también sentimientos de vanidad, rencor, egoísmo y orgullo.
Como las circunstancias de la infancia se prolongan durante años, estos sentimientos negativos de “estar mal” se graban con fuerza en la mente de las personas. Cuando la persona adulta se encuentra en una situación
problemática puede revivir estas situaciones de incapacidad y frustración y se sentirá dominada por sentimientos de terror, de angustia y fracaso. Cuando un adulto se deja llevar por los sentimientos es el Niño quién está dominando su comportamiento.
¡Pero si estáis discutiendo por una chiquillada!, es una frase cuyo contenido
puede ser mucho más cierto de lo que imagina quien la pronuncia.
En el Niño también se guardan multitud de sentimientos positivos. Es la primera infancia el tiempo del afán de saber, de la curiosidad, del descubrimiento. La infancia contiene también las grabaciones de los sentimientos producidos por los juegos, por los abrazos y mimos, el tacto de las mantas, la canción de cuna y los arrullos. La niñez también es creativa y llena de saber divertirse. Estos aspectos positivos también conforman los contenidos del niño.
En el estado de Niño, Berne distingue dos maneras diferenciadas:

  • El Niño natural o Niño libre. Es el primer estado del yo en aparecer.  Se integra por las emociones auténticas (amor, tristeza, miedo, curiosidad,rebeldía) y por todo lo que el individuo sintió de manera espontánea como respuesta a lo que sucedió a su alrededor.
  • El Niño adaptado. Es el Niño que modifica su conducta para atender a las expectativas de los progenitores. Se acostumbra, no solamente a portarse, sino también a sentir y ser como sus padres querrían que sintiera, fuera e hiciera. También consiste la adaptación en desarrollar otras respuestas como la queja, el alejamiento o el empecinamiento. Se desarrollan modelos para provocar reacciones.

Estas emociones no son realmente auténticas, porque han sido los padres quienes le han enseñado lo que debe sentir, hasta que la repetición del patrón de conductas y emociones acabe por automatizarlo.
Dentro del niño adaptado cabe todavía distinguir dos categorías:

  • El Niño adaptado sumiso: Que acepta los requerimientos de sus padres y procura adaptar su forma de ser, de sentir y de actuar de conformidad con lo que se espera de él.
  • El Niño adaptado rebelde : Que no acepta la voluntad de sus padres y se opone a ella, mediante la inacción, la desobediencia activa, los pucheros o el apartamiento.

Desde la perspectiva de la gestión del factor humano, el estado de Niño en la organización debe hallarse en torno a puestos vinculados al reto, la creatividad y la innovación.

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Un comentario en “Análisis Transaccional . Los estados del yo ( II )

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