Análisis Transaccional . Estado del Adulto ( III)

Con la capacidad de moverse y desplazarse del niño, que se estima se produce en torno al décimo mes de vida, éste tiene a su alcance la posibilidad de explorar su entorno: sus juguetes, la cuna, el parque.
El niño toma conciencia de que es capaz de impulsar su propia actividad. Con cierto grado de conciencia de esta posibilidad el niño comienza a tomar decisiones, elige entre alternativas, puede controlar opciones de su entorno. Es significativo que esta capacidad de locomoción en el futuro se constituye en un elemento tranquilizador: el futuro padre que espera paseando, la persona en estado de agitación que sale a dar un paseo para tranquilizarse.
Con esta capacidad de movimiento empieza a configurarse el Adulto. El Adulto elabora un “concepto razonado de la vida”: la vida tal como la ve por si mismo.
El Adulto se ocupa de convertir los estímulos en elementos de información y de archivar ordenadamente esta información en base a la experiencia adquirida. Berne comparaba esta capacidad con un ordenador, que procesa los datos y decide si son en razón aplicables las afirmaciones del Padre y los Sentimientos del Niño. El Adulto, en base a la experiencia que adquiere verifica los datos que le suministran Padre y Niño y los conserva (en cuyo caso se incorporan a su Adulto) o los rechaza (rechazo que no implica que se borren, sino que no se reproducen ante los viejos estímulos).
Así la vieja prohibición de meterse en la piscina se verifica por medio de lecturas científicas o soportando un corte de digestión o el temor al agua del Niño desaparece en el Adulto que aprende a nadar y a disfrutar de ella.
El Adulto además de comprobar los datos hace una estimación de probabilidades de certeza de las afirmaciones del Padre o sentimientos del NiñoIntuición en la toma de decisiones. Esta estimación de probabilidades economiza el tiempo de pensar que el Adulto puede requerir para adoptar decisiones en las que pondera datos complejos. El Adulto, con su concepto razonado de la vida, adapta su conducta y sus decisiones en función de los datos cambiantes, de sus intereses en progresión y de las circunstancias variables. Con ello el Adulto resulta difícilmente predecible en sus actos. Por el contrario, tanto el Padre como el Niño, que operan en función de datos arcaicos y por tanto de carácter estático, muestran conductas que si son predecibles.

De las diferentes estado del yo no debe desprenderse la conclusión de que existe un estado bueno, el de Adulto, por lo que sería necesario prescindir del Padre y del Niño. Se trata de tomar conciencia de donde proceden los datos , grabaciones y libremente acogerlos o rechazarlos.

El Padre aporta, por ejemplo, automatismos que pueden ser muy  muy útiles (mira antes de cruzar) y el Niño, y el Niño, por ejemplo, la capacidad de disfrutar de la vida, tal como la delicia de saborear un helado.

Desde la perspectiva de la dirección de recursos humanos tampoco debe caerse en el error de pretender a las personas permanentemente en su estadio adulto: las empresas, las entidades públicas, los hospitales necesitan personas integras que muestren sus distintos estados de forma armónica. 

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